Han pasado diez años y hoy estuve pensando en ti, en nosotros, en lo que fuimos…en lo que no somos ni llegamos a ser. Ayer encontré un texto entre mis viejos archivos, en él hablaba de como te conocí, como es que hace quince años ya suponía que me arruinarías y como estaba perdidamente enamorada de tu sonrisa.
Lo leí unas horas, debo confesar que era terrible redactando historias largas, pero, aún así pude visualizar cada una de las facetas, la alegría que sentí cuando me dijiste el primer “mi amor” y la tristeza al escucharte decir que ya no me amabas más solo unos días después de tu cumpleaños. No me recordaba así de cursi, no me reconozco ahora.
Entonces, vinieron a mi mente esos días en que te escribía cartas, nos tomábamos fotos, caminábamos de tu escuela a la mía, los momentos en que practicábamos con la guitarra, como llenaste mis días de ti y contigo la felicidad llegaba sola. Un poco después, avanzando en la historia, recordé como de la nada te volviste indiferente, actuaste como si yo fuera una molestia, me dejaste en medio de una calle solitaria entre lágrimas y sollozos, para que en menos de dos semanas tuvieras a alguien más. Fue un cúmulo de emociones que ni yo sabía que aún estaban por ahí.
Estoy cerca de los treinta y te puedo asegurar que nunca volví a escribir cartas así, nunca pude volver a pasar noches haciendo sorpresas en silencio para no molestar a mi familia, jamás se me volvió a pasar por la cabeza salir de mi casa a media noche para saber que todo estaba bien con alguien, jamás volví a pensar en alguien como el amor de mi vida.
Han pasado dos años desde la última vez que te vi; me contaste como pensaste en casarte, como te engañaron y regresaste a casa de tus padres, te hablé de mi carrera, de mis planes a futuro y de lo mal que lo pasé intentando tener una relación. Dijiste que me habías extrañado y quisiste que yo volviera a actuar como la persona que fui cuando estuvimos juntos, lo cuál era gracioso porque yo ya no podía mientras que tú seguías actuando perfectamente igual, quisiste quedarte conmigo mientras que yo quería seguir mi camino, te aferraste a mi como quien siente ser dejado atrás en una subida a contratiempo. No me detuve, no te sostuve y tampoco te llevé conmigo, no hubo ni una gota de sentimiento de mi parte, te deseé que estuvieras bien y te dije que no quería volver a hablar contigo. Dijiste que debías aprender a amarte para no ilusionarte con tan poco, no volví a contestar.
Hoy he pensado en ti, en mi, en quién llegué a ser y en quien me convertí; te agradezco por hacer de esa época un momento tan feliz, y por mostrarme que yo también podía llegar a sentir tanto por alguien, es un estupendo recuerdo de juventud; me destrozaste, ojalá no te vuelva a ver.